lunes, 25 de febrero de 2013

Viaje al pasado III

Capítulo III

Me quedé con la mirada fija en el suelo e intenté pensar un momento. A ver, estaba en el baño, iba a ducharme, ¿qué había hecho justo antes de encontrarme allí? La sentí en la mano, la moneda, tenía el puño cerrado alrededor de la moneda. Me la metí en el bolsillo.
La gente caminaba tranquilamente, parecía un día cualquiera en cualquier lugar del mundo pero… ¿en qué lugar? Debería preguntarle a alguien. Sí, claro: “Oiga, perdone, ¿dónde estamos?” Uff, no podía hacer eso.
Sin embargo, eso no era todo, algo era diferente. Los edificios me resultaban extraños, nunca había visto arquitectura de ese tipo; y la gente, la ropa que llevaba también era rara. No había bullicio (16), ¿no hablaba la gente? Sí, sí hablaban, pero muy bajito. ¿Y los coches? ¡No había!
A punto estuve de ponerme a gritar, me estaba agobiando (17) mucho, muchísimo.
Me puse a caminar, no iba a quedarme parada en mitad de la calle. Vi a varias personas agrupadas en una esquina, pasé por su lado y me di cuenta de que estaban mirando algo en una pantalla. Me puse al lado de un señor que llevaba un largo abrigo blanco, como una bata de médico pero de una tela un poco brillante y observé la pantalla.
“… los ciudadanos no tienen que preocuparse esta vez, las tormentas solares que se avecinan no tendrán ningún perjuicio contra la salud siempre y cuando se utilicen las medidas de seguridad establecidas en el acuerdo de Moscú de 2134…”
¿Cómo? ¿Tormentas solares? ¿2134? ¿A qué se refería? No podía creérmelo, no podía ser cierto. No podía ser el año. Miré alrededor. La ropa, todos llevaban esa tela un poco brillante pero de diferentes colores, todos colores claros. Las mujeres no llevan bolsos, no vi ningún perro, los coches, no estaban… ¿y las tiendas? Tampoco veía ninguna. No, no, no… ahora sí que iba a ponerme a gritar. ¿Cómo había llegado allí? ¿2134?
Y de pronto lo vi, al turista, el que me había dado la moneda. Me costó reconocerlo, la ropa era diferente, no había cámara de fotos tampoco. Estaba parado enfrente de un gran edificio. Me acerqué a él.
‒ Perdone ‒ le dije mientras le tocaba el brazo para llamar su atención.
Apartó la vista un momento del edificio, me miró, sonrió, pero no me contestó.
‒ Perdone, ‒ repetí‒ es usted ¿verdad? Aquí, en la cafetería, bueno, allí, quiero decir... ¿Me entiende?
Volvió a mirarme.
 ‒ Era mucho más bonito antes ¿no?
‒ ¿Cómo?
Me puse a mirar hacia el edificio que absorbía toda su atención, a través de la puerta de cristal vi una estatua. No me costó trabajo reconocerla. Era la estatua de Pedro Romero, la del parque. No había que ser tonto para llegar a la misma conclusión que yo llegué: De alguna manera, por increíble que pudiera parecer, había viajado al futuro y lo que tenía delante de mis narices era lo que quedaba del parque.
El turista interrumpió mis pensamientos.
 ‒ Antes era más bonito. Se han cargado (18) la vista.
‒ Sí, claro ‒ carraspeé (19). ‒ Esto es todo demasiado… no sé cómo decirlo… ¿artificial?
‒ Ja, ja, ja. ‒Le había hecho gracia mi comentario.
‒ Sí, tienes razón: “artificial”. O si lo prefieres, frío. Por eso suelo visitarlo a menudo. El pasado. ‒ Aclaró.
No necesitaba más confirmación.
‒ ¿Qué hago aquí? ‒  le pregunté.
Ignoró descaradamente (20) mi pregunta.‒ ¿Vienes?
Lo seguí, ¿acaso tenía algo que hacer?
Caminamos hacia el Puente Nuevo, que ahora era una pasarela automática. El turista se paró al comienzo de la pasarela.
‒ Este es el único sitio desde el que se puede ver el paisaje ahora. Si es que se le puede llamar así.
Tenía razón. Donde antes se contemplaban las montañas solo había una extensión de construcciones uniformes. Una verdadera pena. Me deprimió un poco.
(16) Jaleo, ruido.
(17) Preocupando
(18) Han estropeado
(19) Toser para aclarar la garganta.
(20) Sin vergüenza

lunes, 18 de febrero de 2013

Viaje al pasado II

Capítulo II

Todo esto que voy a contar ahora empezó el 12 de marzo del año 2012, con una acción tan sencilla como dar una propina, la que me dio un guiri (10) que se tomó un café en la cafetería. Los españoles no son mucho de dar propinas, pero los extranjeros es otra cosa, así que siempre estamos deseando atender una mesa de turistas. El hombre este, de mediana edad, con las típicas chanclas con calcetines y la cámara de fotos colgada al cuello me dio varias monedas por el servicio. Esto no es algo raro, lo raro fue una de las monedas.
No la vi hasta que ya había pasado todo, pero me estoy adelantando. Sobre las ocho de la tarde llegué a mi piso. No había nadie, no era algo fuera de lo común. La gente a esas horas suele estar en la calle, o tomando café o haciendo mandados (11) o simplemente dando una vuelta.
Solté mi bolso en la cama, fui a la cocina a encender el termo y me preparé para la ducha. Mientras el agua caía y empezaba a calentarse cogí ropa limpia del armario y una toalla. Cuando entré al cuarto de baño el espejo había empezado a empañarse (12). Escribí mi nombre, como siempre hacía. Me gustaba verlo escrito porque mi nombre era un palíndromo (13).
Iba a empezar  a desvestirme cuando me di cuenta de que no me había vaciado los bolsillos, tenía algunas propinas que se me habían olvidado poner en el bote (14) y las llaves de casa. Mis compis (15) me iban a matar. Lo primero que tenía que hacer mañana cuando llegara era ponerlas en el bote, que no se me olvidara. Al sacarlas del bolsillo me di cuenta de que una de ellas era un poco diferente. La miré con atención. ¿Qué pasó en ese momento? No lo sé. Sentí algo, un soplo, una brisa, por un momento pensé que la puerta se había abierto sola. Cuando levanté la vista para comprobarlo me encontré en la calle. Sí, en la calle, ya no estaba en el baño, ya no escuchaba la ducha, ya no me rodeaba el vapor del agua caliente. ¡Estaba en la calle! Lo malo no era solo que no supiera cómo había llegado allí, además ni siquiera reconocía el lugar.


(10) Extranjero.
(11)  Recado.
(12)  Acción de cubrirse un cristal con el vapor del agua.
(13)  Palabra o frase que se lee igual de derecha a izquierda y de izquierda a derecha.
(14)  Tarro en un bar o cafetería donde se echan las propinas.
(15)  Compañeros.